- Dr. Carlos Aponte*
Gerencia de Docencia e Investigación. Instituto Nacional de Higiene “Rafael Rangel”. Apdo. 1040. Caracas, Venezuela. INTRODUCCIÓN Aquello que es referencial a lo biológico es lo que denominamos vida o lo asociado a ella. Cuando hablamos de lo vivo solemos referirnos a lo que caracteriza ese estado tan particular de la materia: Así, toda entidad que demuestra poseer capacidad metabólica, reproductiva y evolutiva es una unidad viviente. Eso que llamamos vida se monta sobre el único ejemplo que conocemos de la misma: la que se encuentra en el planeta Tierra…Nuestro único referencial son esas diversas unidades carbonadas (todas estas estructuras incluyendo su propio cuerpo amigo lector se construye a base de átomos de carbono) que observamos alrededor nuestro (perros, gatos, insectos, hermosas mujeres, entre otros). La aparición del hombre sobre el planeta hace unos 100 000 años por un extenso proceso evolutivo, lleno de dificultades, se traducirá en la llegada del simbolismo y la valorización trascendente de la vida a través de espíritu y razón. La encefalización creciente de nuestro cerebro aumentó las potencialidades de las habilidades humanas y sin duda incrementó sus niveles de socialización. Estas unidades vivientes insólitas comenzaran a preguntarse sobre la existencia de sí mismo y de la otredad. Otredad no sólo referida al equivalente humano que nos encara sino a las otras especies microscópicas y macroscópicas que comparten el planeta con nosotros. La Hélade, esas pequeñas comunidades separadas, independientes, pero con una lengua y política comunes que constituyeron la Grecia Antigua será el escenario donde se montará la mayor de las epopeyas humanas. Fue en Jonia s. - VIII, costa de la llamada Asia Menor (hoy, Turquía) donde se gesta tal epopeya, la mayor de las proposiciones humanas: La proposición filosófica. Definida por Sócrates como el amor a la sabiduría, fue “el asombrarse ante lo real delante de mi” lo que constituyó el piso sólido sobre lo cual se estructurará lo trascendente humano.
“Ethos” proviene precisamente de la voz griega que significa costumbre y de la misma deriva la palabra “Etica”. Pero este término “ethos” para algunos se encuentra asociado a la personalidad moral. Así, se comienza a dilucidar el “ethos” en función de una orientación adquirida o asumida por el hombre frente a una realidad dada. Para la ética la realidad se golpea desde las preguntas de ¿Qué es el bien? ¿Qué es el mal? ¿Qué es virtud? ¿Qué es felicidad? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es lo justo? Cuando la realidad que nos impele a decidir sobre ella es de carácter biológico entonces toda la historia de simbolismo y trascendencia de lo vivo nos arremete y nos cuestiona. Así. por ejemplo, ¿Qué derechos podríamos esgrimir cuando un padre decide hacer una replica (clon) de su hijo muerto? ¿Qué pensar sobre un investigador que utiliza tejidos de fetos abortados para remediarle un parkinson a un hombre adulto? ¿Qué decidir frente a unos ecologistas que arremeten contra un centro de investigación animal por aquello de que los animales también tienen derechos ineludibles? ¿Qué opinar sobre un cazador que mata varios gorilas (especie en vías de extinción) para venderlos y así darle de comer a su familia? ¿Qué decir de un médico que utiliza una nueva droga en pacientes sin haber sido esta droga ensayada aun en animales? ¿Qué proponer a las compañías farmacéuticas respecto a una pandemia que mata alrededor de 48 millones de personas y los precios exorbitantes de las medicinas que ellos producen para paliar estos efectos? ¿Puede moralmente un médico decidir sobre la vida de un ser que ha de nacer malformado? Así, muchas otras e inmensas preguntas. El hombre ha intentado a lo largo de su atropellada carrera evolutiva de encarar los problemas de lo biológico de una muy diversa manera. Aquí vamos a resumir en tres grandes ideas filosóficas la historia de la ética: (1) La ética aristocrática, (2) La ética meritocrática y (3) la ética utilitarista.
* Autor al que debe dirigirse la correspondencia. Dirección de correo: Gerencia de Docencia e Investigación. Instituto Nacional de Higiene “Rafael Rangel”. Apdo 1040, Caracas-Venezuela, Teléfax: (0212) 693 45 51. Correo electrónico: capontet@hotmail.com Articulo aparecido en: A Ciencia Cierta Rangeliano.
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